viernes, 12 de junio de 2015

¨Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror.¨



Buenos Aires, 12 de junio de 1956

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

Así se explica que nos esperaran en los cuarteles apuntándonos con ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aún antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo , cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez mas su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen o les besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados.

Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.

Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos, sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 por ciento de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo , al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría , y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método solo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos, no sólo de minorías privilegiadas.

Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así como nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre.

Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos.

Viva la Patria.


Juan José Valle

miércoles, 10 de junio de 2015

martes, 9 de junio de 2015

9 de junio: Nuevo aniversario de la masacre de José León Suárez



9 de junio: Nuevo aniversario de la masacre de José León Suárez

“El peronismo se ha llenado de mártires y entre ellos no hay un solo hombre que, como nuestros enemigos, pueda ser tildado de asesino con fundamento, como podemos llamarlos a ellos con razón. La sangre generosa de estos compañeros caídos por la infamia “libertadora” será siempre el pedestal de Abel, que los seguirá hasta su tumba, llenándolos de remordimiento y de vergüenza”

Juan Domingo Perón
“La fuerza es el derecho de las Bestias”

Asesinados en Lanús, simulando fusilamiento, 10 de Junio de 1956
Tte. Coronel José Albino Yrigoyen,
Capitán Jorge Miguel Costales,
Dante Hipólito Lugo,
Clemente Braulio Ros,
Norberto Ros y
Osvaldo Alberto Albedro.

Asesinados en los basurales de José León Suárez, disparando por la espalda, 10 de junio de 1956
Carlos Lizaso,
Nicolás Carranza,
Francisco Garibotti,
Vicente Rodríguez,
Mario Brión.

Muertos por la represión en La Plata, 10 de junio de 1956
Carlos Irigoyen,
Ramón R. Videla,
Rolando Zanetta.

Fusilados en La Plata, 11 y 12 de junio de 1956
Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno,
Subteniente de Reserva Alberto Abadie.

Fusilados en Campo de Mayo, 11 de junio de 1956
Coronel Eduardo Alcibíades Cortines,
Capitán Néstor Dardo Cano,
Coronel Ricardo Salomón Ibazeta,
Capitán Eloy Luis Caro,
Teniente Primero Jorge Leopoldo Noriega,
Teniente Primero Maestro de Banda de la Escuela de Suboficiales Néstor Marcelo Videla.

Asesinados en la Escuela de Mecánica del Ejército, 11 de junio de 1956
Sub Oficial Principal Ernesto Gareca,
Sub Oficial Principal Miguel Ángel Paolini,
Cabo Músico José Miguel Rodríguez,
Sargento Hugo Eladio Quiroga.
Ametrallado en el Automóvil Club Argentino, 11 de junio de 1956
Miguel Ángel Maurino
(falleció el 13 de junio de 1956 en el Hospital Fernández)

Fusilados en la Penitenciaria Nacional de la Av.Heras, el 11 de junio de 1956
Sargento ayudante Isauro Costa,
Sargento carpintero Luis Pugnetti,
Sargento músico Luciano Isaías Rojas.

Fusilado en la Penitenciaria Nacional de la Av.Las Heras, el 12 de junio de 1956
Gral. De División Juan José Valle.

Asesinado, simulando suicidio por ahorcamiento, en la Divisional de Lanús el 28 de junio de 1956, donde estuvo detenido desde el 9 de junio de 1956

Aldo Emil Jofré.

"EL QUIJOTE DE LOS ANDES"



Del muro y texto de la Compañera Mabel Ordiz

8 de junio de 1870: es sepultado en Chile.
FELIPE VARELA : "EL QUIJOTE DE LOS ANDES".

La historia de la lucha por el poder en la Argentina no es nueva, y en realidad podríamos considerar pioneros de esa disputa a los valientes caudillos que en muchos casos perdieron la vida por la causa que defendían, tanto federales como unitarios.
Dentro de este contexto nos encontramos con una larga lista de nombres que representan cada una de las posturas políticas, y al mismo demuestran el valor desmedido que siempre utilizaron por defender sus principios ante el enemigo.
Uno de estos nombres fue Felipe Varela, que una vez convertido en leyenda de nuestro país, llegó incluso a servir de inspiración para diversas poesías folclóricas. (a favor y en contra).
Según los expertos, Varela no ha sido sólo un caudillo, sino que al igual que otros de sus compañeros, tales como Quiroga, Peñaloza y Ramírez, logró convertirse en un verdadero líder político del Federalismo, que luchaba intensamente para combatir la organización nacional basada en el centralismo.
Debido al coraje permanente que Varela demostró tener siempre en la lucha, sobre todo en lo que respecta a la resistencia que mantuvo en la región andina por muchos años enfrentando a las poderosas fuerzas enviadas por el gobierno unitario, durante lo cual el caudillo se encontraba acompañado por un pequeño ejército; es que comenzaron a llamarlo "El Quijote de los Andes".
Su valentía y bizarría le valió el reconocimiento constante de sus superiores, pero sus ideales lo empujaron a morir en el exilio, lejos de su amada patria.
Este heroico personaje de nuestra historia nació el 11 de mayo de 1821. en Huaycama, pueblo perteneciente al departamento de Valle Viejo, en Catamarca.
Según algunos documentos históricos, el pequeño Felipe pasó sus infancia junto a sus padres, Javier Varela y de Isabel Rearte, en una casa ubicada en la localidad de Guandacol, en la provincia de La Rioja. Fue allí donde llevó a cabo sus estudios formales, y al mismo tiempo se introdujo en el mundo de las armas, teniendo como tutor para ello a un caudillo riojano cuyo apellido era Castillo.
Decidido a llevar adelante una vida ligada al ámbito militar y político, a sus 19 años se incorpora al grupo de caudillos que luchaban en la región contra el ejército enviado por Rosas. Aquello le valió el destierro, por lo que se refugió en Chile, donde según relatan muchos historiadores puede haber llegado a conocer a su posterior amigo y compañero de lucha: el Chacho Peñaloza.
Viviendo en Chile, Felipe Varela se incorporó inmediatamente al ejército del lugar, el cual abandonó cuando en 1852 se produjo la caída del gobierno de Rosas, ya que fue en ese momento que regresó a Catamarca.
Varela decidió unirse al ejército de la Confederación , desenvolviéndose como Teniente Coronel en el regimiento 7° de línea, el cual se había asentado en Río IV, precisamente en la frontera de los indios.
Durante la decisiva batalla de Pavón, ocurrida en el mes de septiembre de 1861, Varela luchó bajo las órdenes de Urquiza, y fue allí donde comenzó a destacarse como uno de los más aguerridos caudillos de la Confederación. Un año después, Varela se unió al CHACHO, participando activamente en la rebelión organizada por el caudillo contra las autoridades nacionales de Buenos Aires. Esto le valió la confianza del Chacho y se convirtió en uno de sus máximos protegidos. Por ese motivo, ese mismo año Varela fue designado Jefe de Policía de la provincia de La Rioja.
Al siguiente año, es decir en 1863, se le encomendó a Felipe Varela la difícil misión de invadir Catamarca, participando de las contiendas conocidas como las batallas de Las Playas y Lomas Blancas.
No obstante, cuando el 12 de noviembre de 1863 se produce el sangriento asesinato de Peñaloza, Varela debió huir de la región, por lo que decidió refugiarse en Entre Ríos, desde donde nuevamente comenzó a militar bajo las órdenes de Urquiza, pero debe volver al exilio en Chile.
Poco tiempo pasaría para que Varela regresara al país, y ello ocurrió precisamente en 1865, cuando llega a sus oídos el inicio de la Guerra contra el Paraguay, la cual involucró a Uruguay, Argentina, Brasil, y por supuesto Paraguay, en una lucha sin tregua causada por las aún vigentes rivalidades coloniales. ( Guerra de la triple alianza).
Ante la noticia, Felipe Varela decide volver y servir nuevamente a las órdenes de Urquiza. Pero lo cierto es que como le sucedió a otros caudillos, Varela no comprendía cuáles eran los motivos por los cuales debía llevarse adelante una lucha armada contra el hermano pueblo de Paraguay. Por otra parte, el caudillo no toleraba el hecho de efectuar una alianza con el Imperio Brasilero, el cual en realidad había sido siempre un poderoso y ferviente enemigo de los estados del Plata.
Por todo ello, Varela se negó a participar de esta absurda guerra, y regresó a Chile.
Mientras tanto, en casi toda la geografía nacional los unitarios habían logrado imponerse frente a los federales, lo que provocó en cierto modo que Varela decidiera finalmente convertirse en una suerte de sucesor de el Chacho Peñaloza, convirtiéndose en los años posteriores en el líder indiscutido del alzamiento de las provincias andinas contra el gobierno centralista de Mitre.
Fue precisamente a finales del año 1866, que Varela decidió regresar al país desde la Cordillera de los Andes. A lo largo de dos años, Felipe Varela mantuvo el noroeste del país en permanente rebelión, a través del trabajo realizado por sus tropas, que se encontraban integradas por montoneros argentinos y chilenos. Para ello, contó con el apoyo incondicional de algunos de los caudillos federales más importantes de la historia, tales como Videla de Mendoza y los Saá de San Luis.
Fue en ese período que se produjo la llamada Revolución de los Colorados, considerada como el último alzamiento del partido federal argentino en el oeste del país. Aquella revolución no sólo tenía como objetivo liberar a las provincias de los gobiernos centralistas impuestos por el entonces presidente Mitre, sino también dar por terminada la Guerra del Paraguay.
En aquella larga batalla, Felipe Varela fue uno de los principales caudillos, que con su lucha finalmente logró liberar a tres provincias del poder unitario.
Entre 1867 y 1868 Felipe Varela se convirtió en el Gobernador de Catamarca, y al mismo tiempo mantuvo su influencia política en las provincias vecinas de Salta y Jujuy.
Ante la inminente amenaza que la influencia de Varela provocaba en contra de los intereses de Mitre, éste decidió enviar a los soldados que se encontraban en Paraguay a perseguir y luchar contra el caudillo.Así comienza Mitre su despiadada "guerra de policía".
El 9 de abril de 1867 Varela, con su arenga de Federación o Muerte, enfrenta a las fuerzas mitristas, conducidas por Taboada ( siendo derrotado) en El pozo de Vargas : última gran batalla de una guerra civil enmascarada.
Su fuerza montonera no pudo contra la potencia casi indestructible del ejército de Mitre poseedor de las más nuevas y sofisticadas armas importadas.
La fuerza unitaria arremetió con todo su poderío en la región. Varela ya estaba enfermo de tisis y cada vez perdía mayor apoyo político, por lo que finalmente debió regresar al exilio chileno.
El 4 de junio de 1870 moría el hombre y recién es enterrado en Chile el 8 de junio. Comenzaba la leyenda que cuenta la historia del : ÚLTIMO MONTONERO.
Sus restos habían sido repatriados en 1974 y depositados al pie del monumento con que se lo recuerda en su Catamarca natal. En agosto del 2007, a instancias de la Legislatura de Catamarca frente al Congreso Nacional, se asciende postmorten al coronel FELIPE VARELA a GENERAL DE LA NACIÓN.

8 de junio de 1870: es sepultado en Chile

FELIPE VARELA : "EL QUIJOTE DE LOS ANDES"

La historia de la lucha por el poder en la Argentina no es nueva, y en realidad podríamos considerar pioneros de esa disputa a los valientes caudillos que en muchos casos perdieron la vida por la causa que defendían, tanto federales como unitarios.
Dentro de este contexto nos encontramos con una larga lista de nombres que representan cada una de las posturas políticas, y al mismo demuestran el valor desmedido que siempre utilizaron por defender sus principios ante el enemigo.
Uno de estos nombres fue Felipe Varela, que una vez convertido en leyenda de nuestro país, llegó incluso a servir de inspiración para diversas poesías folclóricas. (a favor y en contra).
Según los expertos, Varela no ha sido sólo un caudillo, sino que al igual que otros de sus compañeros, tales como Quiroga, Peñaloza y Ramírez, logró convertirse en un verdadero líder político del Federalismo, que luchaba intensamente para combatir la organización nacional basada en el centralismo.
Debido al coraje permanente que Varela demostró tener siempre en la lucha, sobre todo en lo que respecta a la resistencia que mantuvo en la región andina por muchos años enfrentando a las poderosas fuerzas enviadas por el gobierno unitario, durante lo cual el caudillo se encontraba acompañado por un pequeño ejército; es que comenzaron a llamarlo "El Quijote de los Andes".
Su valentía y bizarría le valió el reconocimiento constante de sus superiores, pero sus ideales lo empujaron a morir en el exilio, lejos de su amada patria.
Este heroico personaje de nuestra historia nació el 11 de mayo de 1821. en Huaycama, pueblo perteneciente al departamento de Valle Viejo, en Catamarca.
Según algunos documentos históricos, el pequeño Felipe pasó sus infancia junto a sus padres, Javier Varela y de Isabel Rearte, en una casa ubicada en la localidad de Guandacol, en la provincia de La Rioja. Fue allí donde llevó a cabo sus estudios formales, y al mismo tiempo se introdujo en el mundo de las armas, teniendo como tutor para ello a un caudillo riojano cuyo apellido era Castillo.
Decidido a llevar adelante una vida ligada al ámbito militar y político, a sus 19 años se incorpora al grupo de caudillos que luchaban en la región contra el ejército enviado por Rosas. Aquello le valió el destierro, por lo que se refugió en Chile, donde según relatan muchos historiadores puede haber llegado a conocer a su posterior amigo y compañero de lucha: el Chacho Peñaloza.
Viviendo en Chile, Felipe Varela se incorporó inmediatamente al ejército del lugar, el cual abandonó cuando en 1852 se produjo la caída del gobierno de Rosas, ya que fue en ese momento que regresó a Catamarca.
Varela decidió unirse al ejército de la Confederación , desenvolviéndose como Teniente Coronel en el regimiento 7° de línea, el cual se había asentado en Río IV, precisamente en la frontera de los indios.
Durante la decisiva batalla de Pavón, ocurrida en el mes de septiembre de 1861, Varela luchó bajo las órdenes de Urquiza, y fue allí donde comenzó a destacarse como uno de los más aguerridos caudillos de la Confederación. Un año después, Varela se unió al CHACHO, participando activamente en la rebelión organizada por el caudillo contra las autoridades nacionales de Buenos Aires. Esto le valió la confianza del Chacho y se convirtió en uno de sus máximos protegidos. Por ese motivo, ese mismo año Varela fue designado Jefe de Policía de la provincia de La Rioja.
Al siguiente año, es decir en 1863, se le encomendó a Felipe Varela la difícil misión de invadir Catamarca, participando de las contiendas conocidas como las batallas de Las Playas y Lomas Blancas.
No obstante, cuando el 12 de noviembre de 1863 se produce el sangriento asesinato de Peñaloza, Varela debió huir de la región, por lo que decidió refugiarse en Entre Ríos, desde donde nuevamente comenzó a militar bajo las órdenes de Urquiza, pero debe volver al exilio en Chile.
Poco tiempo pasaría para que Varela regresara al país, y ello ocurrió precisamente en 1865, cuando llega a sus oídos el inicio de la Guerra contra el Paraguay, la cual involucró a Uruguay, Argentina, Brasil, y por supuesto Paraguay, en una lucha sin tregua causada por las aún vigentes rivalidades coloniales. ( Guerra de la triple alianza).
Ante la noticia, Felipe Varela decide volver y servir nuevamente a las órdenes de Urquiza. Pero lo cierto es que como le sucedió a otros caudillos, Varela no comprendía cuáles eran los motivos por los cuales debía llevarse adelante una lucha armada contra el hermano pueblo de Paraguay. Por otra parte, el caudillo no toleraba el hecho de efectuar una alianza con el Imperio Brasilero, el cual en realidad había sido siempre un poderoso y ferviente enemigo de los estados del Plata.
Por todo ello, Varela se negó a participar de esta absurda guerra, y regresó a Chile.
Mientras tanto, en casi toda la geografía nacional los unitarios habían logrado imponerse frente a los federales, lo que provocó en cierto modo que Varela decidiera finalmente convertirse en una suerte de sucesor de el Chacho Peñaloza, convirtiéndose en los años posteriores en el líder indiscutido del alzamiento de las provincias andinas contra el gobierno centralista de Mitre.
Fue precisamente a finales del año 1866, que Varela decidió regresar al país desde la Cordillera de los Andes. A lo largo de dos años, Felipe Varela mantuvo el noroeste del país en permanente rebelión, a través del trabajo realizado por sus tropas, que se encontraban integradas por montoneros argentinos y chilenos. Para ello, contó con el apoyo incondicional de algunos de los caudillos federales más importantes de la historia, tales como Videla de Mendoza y los Saá de San Luis.
Fue en ese período que se produjo la llamada Revolución de los Colorados, considerada como el último alzamiento del partido federal argentino en el oeste del país. Aquella revolución no sólo tenía como objetivo liberar a las provincias de los gobiernos centralistas impuestos por el entonces presidente Mitre, sino también dar por terminada la Guerra del Paraguay.
En aquella larga batalla, Felipe Varela fue uno de los principales caudillos, que con su lucha finalmente logró liberar a tres provincias del poder unitario.
Entre 1867 y 1868 Felipe Varela se convirtió en el Gobernador de Catamarca, y al mismo tiempo mantuvo su influencia política en las provincias vecinas de Salta y Jujuy.
Ante la inminente amenaza que la influencia de Varela provocaba en contra de los intereses de Mitre, éste decidió enviar a los soldados que se encontraban en Paraguay a perseguir y luchar contra el caudillo.Así comienza Mitre su despiadada "guerra de policía".
El 9 de abril de 1867 Varela, con su arenga de Federación o Muerte, enfrenta a las fuerzas mitristas, conducidas por Taboada ( siendo derrotado) en El pozo de Vargas : última gran batalla de una guerra civil enmascarada.
Su fuerza montonera no pudo contra la potencia casi indestructible del ejército de Mitre poseedor de las más nuevas y sofisticadas armas importadas.
La fuerza unitaria arremetió con todo su poderío en la región. Varela ya estaba enfermo de tisis y cada vez perdía mayor apoyo político, por lo que finalmente debió regresar al exilio chileno.
El 4 de junio de 1870 moría el hombre y recién es enterrado en Chile el 8 de junio. Comenzaba la leyenda que cuenta la historia del : ÚLTIMO MONTONERO.
Sus restos habían sido repatriados en 1974 y depositados al pie del monumento con que se lo recuerda en su Catamarca natal.En agosto del 2007, a instancias de la Legislatura de Catamarca frente al Congreso Nacional, se asciende postmorten al coronel FELIPE VARELA a GENERAL DE LA NACIÓN.

Mabel Ordiz

viernes, 5 de junio de 2015

Pancho Villa




Corrido de Pancho Villa*


Fui soldado de Francisco Villa
de aquel hombre de fama inmortal
que aunque estuvo sentado en la silla
no envidiara la presidencial.
Ahora vivo allá por la orilla
recordando aquel tiempo inmortal,
ayayay,
ahora vivo allá por la orilla
recordando a Villa allá por Parral.

Yo fui uno de aquellos dorados
que con tiempo llegó a ser mayor
en la lucha quedamos lisiados
defendiendo la patria y honor.
Hoy recuerdo los tiempos pasados
que peleamos con el invasor
ayayay,
hoy recuerdo los tiempos pasados
de aquellos dorados que yo fui mayor.

Mi caballo que tanto montaba
en Jiménez la muerte alcanzó
una bala que a mí me tocaba
a su cuerpo se le atravesó.
Al morir de dolor relinchaba
por la patria la vida entregó
ayayay,
al morir de dolor relinchaba
cómo le lloraba cuando se murió.

Pancho Villa te llevo grabado
en mi mente y en mi corazón
y aunque a veces me vi derrotado
por las fuerzas de Álvaro Obregón
siempre anduve como fiel soldado
hasta el fin de la revolución
ayayay,
siempre anduve como fiel soldado
que tanto ha luchado al pie del cañón.


*José Doroteo Arango Arámbula, más conocido por su seudónimo Francisco Villa o el hipocorístico de éste, Pancho Villa, fue uno de los jefes de la revolución mexicana, cuya actuación militar fue decisiva para la derrota del régimen del entonces presidente Victoriano Huerta.
Originario del estado de Durango (se desconoce si era de Río Grande o de San Juan del Río ), nació el 5 de junio de 1878 y murió asesinado en una emboscada en Hidalgo del Parral (Chihuahua) el 20 de julio de 1923 Durante la revolución fue conocido como "El Centauro del Norte".


martes, 2 de junio de 2015