martes, 28 de febrero de 2012

La palabra justa


Como extraordinario calidoscopio anunciador de terribles catástrofes, las usinas mediáticas de los innombrables batieron y batieron parche durante larguísimos tres o cuatro días… carroñeros por naturaleza, seguramente les atrajo el olor de tanto dolor… de tanta muerte…

no faltaron los dubitativos de costumbre, esos que están… pero que se vuelven dudosos y dejan de estar ante el primer comentario insidioso de los otros… (la bosta de paloma de que hablaba el General…)

En un acto veloz de travestismo, legiones de ingenieros en minería a cielo abierto y ambientalistas diversos, cambiaron sus mamelucos naranja y amarillo por el overol azul o gris de los ferroviarios… y ahí estaban: ingenieros, técnicos y obreros de sobreros pidiendo… unos que se vayan todos, otros que por qué no habló, uno que dónde estaba, otros que por que no hizo esto, otros que por qué hizo aquello… ¿Qué esta esperando?! gritaban algun@s al borde de un ataque de nervios…

lectores extemporáneamente tardíos de Scalabrini y Perón, olvidaban sus propios aplausos cuando “ramal que para, ramal que cierra”…

Fervorosos privatistas en los ´90, devenían en fanáticos estatistas de un estado que antes ayudaron a destruir y al que les cuesta reconocer reconstruido por parte de quienes mejor han gobernado la Argentina en los últimos cincuenta y siete años…

Todo esto pasó en unos pocos pero frenéticos días que parecieron llevarnos al borde de algún abismo…

Entonces, y como nos tiene acostumbrados, apareció Ella

asomándose como siempre a la historia, a esa historia grande que sólo construyen los justos…

Envuelta en la bandera de la patria dijo sólo lo necesario y esperable…

El pueblo aplaudió y lloró con Ella a la hora de las emociones…

y el graznido de los carroñeros desapareció ante el grito jubiloso de la Patria.